Supervivencia Militar

Inmaculada Concepción: Patrona del arma de Infantería Española

image thumb7 Inmaculada Concepción: Patrona del arma de Infantería Española En Flandes, uno de los territorios claves del Imperio Español, a finales de 1585, es gobernador Alejandro Farnesio, destacado infante de nuestra historia. Para sofocar una nueva rebelión en las islas de Zelanda y socorrer a la población leal al emperador, manda organizar un ejército, al mando del Conde de Mansfelt , con las tropas allí destacadas y otras enviadas de refuerzo.

Lo más importante de estas fuerzas, y constituyendo el grueso de la Infantería propia, lo forman los Tercios de Bobadilla, Mondragón e Iñiguez, sumando todos algo más de 4000 soldados. Eran lo mejor que tenía nuestro ejército al ser expertos combatientes curtidos en cien batallas. Recibieron la orden de cruzar el río Mosa y ocupar la isla de Bommel.

El general de las tropas rebeldes, conocido por los españoles como Conde de Holac, aprovechó el atrevimiento cometido por el bando español al ocupar una isla pantanosa y fácil de inundar. Armando una flota de 100 barcos de quilla plana, con la mejor infantería que tenía, rompió todos los diques consiguiendo dejar a las tropas españolas aisladas y precariamente instaladas en pequeños trozos de tierra e islotes que no habían cedido al empuje del agua.

El día 7 de diciembre la situación es desesperada. Nuestros infantes se encuentran sitiados por el agua y por el enemigo que les ataca, sin comida, sin leña para calentarse, mojados y ateridos por el frío. El Maestre de Campo Bobadilla, al fracasar en todos los intentos de salir de una situación tan desesperada, llama a sus capitanes y soldados y les exhorta a rezar. Un soldado que estaba haciendo un hoyo para meterse en él y así paliar el frío viento que empezaba a azotar la zona, encuentra una tablilla pintada en vivos colores con los rasgos de la Virgen Maria y, emocionado por tan destacado hallazgo, empieza a enseñarla entre sus compañeros. Bobadilla, al conocer un hecho tan singular, ordena que se lleve en procesión, entre las banderas, a la iglesia de Empel, donde se reza una salve en su honor. Esto supone una relevante inyección de moral para los sitiados. Posteriormente, arenga a sus tropas y decide que se quemen las banderas y se hundan las piezas de artillería y que, por la noche, con las barcas de quilla plana aún disponibles, se embarquen los infantes más dispuestos para atacar las naves principales enemigas.

A la vez que ocurrían estos hechos, los vecinos de Bolduque, localidad liberada de los rebeldes, testigos desde la orilla del padecimiento de los tercios, tambien sacan al Santísimo en procesión para pedir su intercesión. Al ocaso de este 7 de diciembre, un viento intenso, acompañado de una fuerte bajada de las temperaturas, hace que las aguas, rápidamente, se empiecen a helar, formándose en determinadas zonas una gruesa capa de hielo, que al decir de muchos, era algo que no se había visto nunca en la zona y en ese tiempo tan breve.

El enemigo, ante el temor de que sus barcos queden atrapados por los hielos, empieza una lenta huida hacia el río Mosa, teniendo que pasar por una estrecha cortadura del dique principal ocupada por los soldados de los tercios, siendo hostigados por ambos lados y causándoles más de 300 bajas. Escribe Alonso Vázquez, cronista de aquellos hechos, que “Cuando los rebeldes iban pasando con sus navíos por el río abajo les decían a los españoles, en lengua castellana, que no era posible sino que Dios fuera español pues había usado con ellos tan gran milagro, y que nadie en el mundo sino ÉL, por su divina misericordia, fuera bastante a librarles del peligro y de sus manos”.

El día 8, festividad de la Purísima Concepción, la Hermandad de María Inmaculada de Bolduque hace una procesión solemne para suplicar ayuda de Dios para los católicos aislados. Cuanto más prodigan sus rezos, más engrosa el hielo.

El día 9 de diciembre, empieza a deshelar, lo que permite que los sitiados sean socorridos por el conde Mansfelt y los hombres disponibles que, con pequeñas embarcaciones y rompiendo el hielo, auxilian a gran número de soldados. Al correr el día, esta labor se ve, aún más, facilitada por la lluvia que empieza a producir un rápido deshielo. La evacuación finaliza el día 10 en la población de Bolduque donde son atendidos los heridos, enfermos y todos los que sufrieron congelaciones en pies y manos.

El llamado “Milagro de Empel” propagó en los Tercios españoles la devoción a la Inmaculada. Tres siglos después, a solicitud del Inspector del Arma, tomar rango oficial al ser declarada Patrona de la Infantería por una Real Orden de la Reina Regente doña María Cristina de Habsburgo, de fecha 12 de noviembre de 1892.

"¡Soldados! El hambre y el frío nos llevan a la derrota, pero la Virgen Inmaculada viene a salvarnos."

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